Cassie miró por la ventana. Estaba atrapada, por segunda vez esa semana, en la amplia habitación que se suponía que era su cuarto. Por el amplio ventanal, que se abría en la pared de la habitación, observó a un carruaje entrar por el gran sendero que cruzaba el extenso y cuidado jardín. Miró al techo en busca de consuelo. Elizabeth y Ragnor crearon, desde el incidente, un universo aparte. Vivían en una época anterior. Todo era como si estuvieran a principios del siglo XX. Tenía una doncella, de nombre Sophie, y la obligaban a vestir largos vestidos de encaje, con enaguas y corsés. No permitían entrar coches, dentro de los terrenos de la mansión, se movían a través de carruajes.
Aburrida volvió a ver por la ventana y vio como salía del carruaje un chico de su edad. Cassie creyó que era hermoso. La persona más guapa y elegante que había visto en su vida. Él miró hacia arriba, y le dirigió un guiño. Rápidamente apartó la mirada y notó como la sangre le subía a las mejillas, sonrojándola. Justo en ese momento entraron las tres únicas chicas de su edad que conocía, Marie, Sophie e Isabelle. Su doncella, su hermanastra y su mejor amiga. Marie dijo:
-El señor y la señora Gray la esperan en la sala, arreglada para los invitados. Debo ayudarla a prepararse srta. Fairchild.
-Oh, Marie! Por favor, puedes llamarme Cassie y tutearme.
- Lo sé, señorita Herondale, perdón Cassie -respondió Marie comenzando a arreglarle el pelo.
- Nosotras somos suficientes para prepararla. Puede retirarse- ordenó Sophie.
- Pero...
- Son órdenes.
- Como usted desee, srta. Wayland.
Marie salió de la habitación mientras Sophie le colocaba pinzas en el rizado cabello color zanahoria. Izzy la apartó de un amigable empujón diciendo:
- Sophie, ¿por qué no vas a coger.... bueno, lo de antes?
- Creo que tienes razón. Nos vemos abajo - le respondió ella saliendo de la habitación.
- Vamos a ponerte un poco más... actual que de costumbre- le dijo Izzy.
- Bueno, estoy segura de que podrás conseguirlo.
Isabelle siempre iba a la última moda, Cassie no sabía cómo conseguía convencer a los Gray, pero nunca iba vestida de época. Marie volvió a entrar con una bolsa de tela:
- Señoritas, esto es de parte de la srta. Wayland.
- Está bien, Marie, puedes irte.
Marie se marchó de la habitación dándole a Isabelle la bolsa de tela.
- ¿¿Qué es?? - preguntó Cassie interesada.
- Tu ropa.
- ¿Mi ropa?
- A veces casi olvido lo insoportable que te pones cuando te extraña algo. Pues claro que es tu ropa, es la ropa que te vas a poner para William.
- ¿William? ¿Pero quién es William?
- Estoy segura de que ya lo has visto, y, a juzgar por tus mejillas, te ha gustado su aspecto- le respondió Isabelle con una sonrisa en los labios.- Levántate, anda.
Cassie se levantó de la silla de su tocador, deshaciéndose algunos de sus múltiples tirabuzones, recién arreglados. Isabelle suspiró al ver el peinado de la chica deshecho. Sacó de la bolsa un hermoso vestido azul celeste y turquesa, con delicadas telas de encaje, pero que apenas le pasaba de la rodilla.
- Pero.... ¿No es demasiado corto?
- Tonterías, tú tranquila - le respondió su mejor amiga, sacando unos leotardos blancos con detalles en azul-. Ponte esto, ¡vas a estar preciosa!
Cassie se puso los finos leotardos. “Son preciosos” pensó. Luego pasó a coger las delicadas bailarinas blancas de medio tacón que le tendía su amiga.
- ¡Me encanta! - exclamó dando una vuelta sobre sí misma.
- Me lo imaginaba, bueno siéntate, que en diez minutos tienes que estar presentable para los invitados, y ya te despeinaste.
Cassie lanzó una mirada al cielo, pero se volvió a sentar en el tocador.
...
Mientras cruzaban el amplio pasillo les llegaban los murmullos patentes de que los invitados y los Gray estaban hablando. La conversación se cortó en cuanto irrumpieron en la habitación. Además de los invitados y de los dueños de la casa también se hallaban allí Sophie, sentada un poco aparte, y Marie, sirviendo té. Elizabeth se puso en pie, dispuesta a presentarlas:
- Sr. Morgenstern, estas son, la srta. Fairchild y la srta. Ligthwood. Ahora mi honorable marido y yo, debemos atender asuntos de mayor índole. Les dejaremos solos para que puedan intercambiar opiniones sobre el Gran Ritual de mañana, la Gran Celebración.
Dicho esto Elizabeth le tendió una mano al Sr. Morgenstern, que él besó con delicadeza, más tarde pasó a estrechar la mano de Ragnor, y los acompañó hasta la puerta de la sala. A continuación volvió a sentarse. Tras un incómodo silencio, Isabelle dijo:
- Bueno, William, ¿puedo llamarlo así? ¿O debo utilizar Sr. Morgenstern?
- Al contrario, puede llamarme Will. Todas pueden llamarme así.
- Entonces Will, cuéntanos, ¿a qué has venido aquí?
- Will, ¿qué es el Gran Rito, o lo que quiera que haya dicho Elizabeth? - intervino, Cassie-. Nunca antes la había escuchado hablar de eso.
- Es el Gran Ritual. Cassie- comenzó Will, llamándola por su diminutivo, más no le importó-. ¿No sabes lo que pasa mañana? O, ¿alguien de vosotras lo sabe?
Ambas chicas apartaron la mirada, claramente incómodas. En cambio, Cassie, mantuvo la mirada fija en él, en Will. Se sobresaltó cuando Marie, que todos habían olvidado su presencia en la sala, le respondió:
- Cassandra no lo sabe, más no lo ha de saber. Todos en la casa lo sabemos, excepto ella. No conoce nuestro mundo, su mundo, sus amados padres se lo ocultaron, se lo ocultaron todo. Y ahora, nadie tiene el permiso de Elizabeth o de Ragnor para contárselo, opinan que es mejor que no sepa dónde está realmente. Obviamente Isabelle y Sophie han procurado contárselo, mas Elizabeth la hacía olvidar, una y otra vez.
- ¿Mi mundo? - preguntó, Cassie, totalmente confusa.
Isabelle se echó a llorar, mientras, Will y Sophie hablaron a la vez, pero parecían no advertirlo.
- Oblivisci alieno somnum memini hoc somno cadetis.
Todo se volvió negro.