domingo, 9 de junio de 2013

Capítulo 2: Respuestas

"¿Donde estoy?" Fue lo primero que pensó Cassie al despertar. Al principio se creyó en su cama, más era demasiado acolchonada. Se levantó y vio que llevaba un camisón de seda rosa, que apenas le llegaba al muslo. Se encontraba en una habitación sin ventanas, con una cama de matrimonio, un baño, un escritorio, un armario y una puerta cerrada con llave. No recordaba como había llegado allí. Sólo recordaba.... si se esforzaba mucho la recordaba…la recordaba a ella,  a Isabelle, llorando, y luego la oscuridad. Pero... ¿Isabelle llorando? Probablemente había sido producto de su imaginación.
De pronto se oyeron pasos.  Alguien se acercaba, Cassie se metió en la cama y fingió dormir.  Se abrió la puerta y entró un torrente de luz acompañando al hermoso chico de pelo dorado y tez palida. Sin una palabra se deslizó a su lado en la cama y se quedó observándola con algo parecido a la ternura. Cassie percibía que la observaba y que sabía que no dormía, pero no se movió. Él le pasó una mano llena de cicatrices por el pelo. Notó como se ruborizaba. Entonces él habló:
-Sé que estás despierta. El desayuno está servido. Estamos en la segunda planta, busca algo que te sirva en el armario y baja.
Dicho esto, él salió de la habitación. ¿Quién era? Notó una punzada de reconocimiento, de añoro, más seguía sin conocerlo. Casi como una autómata salió de entre las revueltas sábanas y se dirigió hacia el armario. Allí, arrodillada, comenzó a sacar delicadas y caras prendas. La ropa a la que estaba acostumbrada valdría menos de la mitad que esta. Eligió unos ajustados tejanos, probablemente de marca, y una camisa de seda a cuadros blancos y azules. También cogió unos elegantes botines blancos y una chaqueta de puntilla del mismo color. Con una mano sobre los ojos y guiada por el dulce olor del bacon,  presionó con cuidado él pomo de la puerta. Un torrente de luz la acompañó en su trayecto hasta las claras escaleras de caracol  que la llevaron a un amplio corredor que daba a la cocina.
Allí se encontró de nuevo con el irónico chico que se acercó a la oscura habitación de la segunda planta. Él estaba cocinando varias lonchas de bacon y no la miraba. A pesar de lo silenciosamente que entró, él se giró inmediatamente, acercándose a saludarla:
- Hola, Bella Durmiente.
- ¿Quien eres?
- Muchos me llaman “el arrebatador chico dorado”, pero también puedes llamarme Jace.
- ¿Donde estamos?
- Puedes llamarlo refugio.
- ¿Porque estoy aquí?
- Tal vez por que... te he salvado del sitio donde te tenían encerrada esa pareja de brujos, los Gray. ¿Es que no recuerdas como caíste rendida a mis pies? - Esto último lo añadió con una irónica sonrisa.
- ¿Bru- bru- brujos?
- Oh, venga, vivías con una Especial, con una mundi con la Visión, con una pareja de brujos y con una Cambiada, tenías que saberlo.
- ¿Saber?, ¿saber lo que?
- Lo que eres, tu naturaleza, la mía. Pero... ¿acaso no lo sabes?
- ¡Estás loco!- dijo desatando unos descontrolados sollozos que hicieron que cayera en sus brazos.
Él la cogió y la llevó a la habitación en la que había dormido. Era muy fuerte, notaba todos los trenzados músculos de sus brazos mientras la llevaba en brazos. Con cuidado la colocó en la cama y la tapó con las mantas.  Se quedó a su lado, hasta que la creyó dormida, y se fue dándole un cariñoso beso en la frente. Cassie no estaba realmente dormida y se asombró de los escalofríos que le recorrían el cuerpo al contacto con la piel del chico dorado, "Jace" recordó.
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De nuevo se despertó sobresaltada y desorientada. Mientras, comenzaba a recordar donde estaba, la asaltó una nueva imagen de un chico de pálida piel y cabello negro como la noche salir de un carruaje y sonreír.  "¿Quien era aquel muchacho?" pensó. El chico dorado, Jace, abrió la puerta.
-  Tranquila, por cierto ¿como te llamas?
- Cassandra Brisbane. ¿Por que estoy aquí?
- Te lo explicaré en cuanto estés un poco mejor. 
- ¡Pero yo lo quiero saber ahora!
- Está bien... te lo contaré todo tu eres...
Una explosión cortó a Jace. Él se levantó rapidamente, y corrió a atrancar la puerta, pero antes de que lo consiguiera alguien la abrió...

domingo, 7 de abril de 2013

Capítulo I: Tienes Visita


Cassie miró por la ventana. Estaba atrapada, por segunda vez esa semana, en la amplia habitación que se suponía que era su cuarto. Por el amplio ventanal, que se abría en la pared de la habitación, observó a un carruaje entrar por el gran sendero que cruzaba el extenso y cuidado jardín. Miró al techo en busca de consuelo. Elizabeth y Ragnor crearon, desde el incidente, un universo aparte. Vivían en una época anterior. Todo era como si estuvieran a principios del siglo XX. Tenía una doncella, de nombre Sophie, y la obligaban a vestir largos vestidos de encaje, con enaguas y corsés. No permitían entrar coches, dentro de los terrenos de la mansión, se movían a través de carruajes.

Aburrida volvió a ver por la ventana y vio como salía del carruaje un chico de su edad. Cassie creyó que era hermoso. La persona más guapa y elegante que había visto en su vida. Él miró hacia arriba, y le dirigió un guiño. Rápidamente apartó la mirada  y notó como la sangre le subía a las mejillas, sonrojándola. Justo en ese momento entraron las tres únicas chicas de su edad que conocía, Marie, Sophie e Isabelle. Su doncella, su hermanastra y su mejor amiga. Marie dijo:
-El señor y la señora Gray la esperan en la sala, arreglada para los invitados. Debo ayudarla a prepararse srta. Fairchild.
-Oh, Marie! Por favor, puedes llamarme Cassie y tutearme.
- Lo sé, señorita Herondale, perdón Cassie -respondió Marie comenzando a arreglarle el pelo.
- Nosotras somos suficientes para prepararla. Puede retirarse- ordenó Sophie.
- Pero...
- Son órdenes.
- Como usted desee, srta. Wayland.
Marie salió de la habitación mientras Sophie le colocaba pinzas en el rizado cabello color zanahoria. Izzy la apartó de un amigable empujón diciendo:
- Sophie, ¿por qué no vas a coger.... bueno, lo de antes?
- Creo que tienes razón. Nos vemos abajo - le respondió ella saliendo de la habitación.
- Vamos a ponerte un poco más... actual que de costumbre- le dijo Izzy.
- Bueno, estoy segura de que podrás conseguirlo.
Isabelle siempre iba a la última moda, Cassie no sabía cómo conseguía convencer a los Gray, pero nunca iba vestida de época. Marie volvió a entrar con una bolsa de tela:
- Señoritas, esto es de parte de la srta. Wayland.
- Está bien, Marie, puedes irte.
Marie se marchó de la habitación dándole a Isabelle la bolsa de tela.
- ¿¿Qué es?? - preguntó Cassie interesada.
- Tu ropa.
- ¿Mi ropa?
- A veces casi olvido lo insoportable que te pones cuando te extraña algo. Pues claro que es tu ropa, es la ropa que te vas a poner para William.
- ¿William? ¿Pero quién es William?
- Estoy segura de que ya lo has visto, y, a juzgar por tus mejillas, te ha gustado su aspecto- le respondió Isabelle con una sonrisa en los labios.- Levántate, anda.
Cassie se levantó de la silla de su tocador, deshaciéndose algunos de sus múltiples tirabuzones, recién arreglados. Isabelle suspiró al ver el peinado de la chica deshecho. Sacó de la bolsa un hermoso vestido azul celeste y turquesa, con delicadas telas de encaje, pero que apenas le pasaba de la rodilla.
- Pero.... ¿No es  demasiado corto?
- Tonterías, tú tranquila - le respondió su mejor amiga, sacando unos leotardos blancos con detalles en azul-. Ponte esto, ¡vas a estar preciosa!
Cassie se puso los finos leotardos. “Son preciosos” pensó. Luego pasó a coger las delicadas bailarinas blancas de medio tacón que le tendía su amiga.
- ¡Me encanta! - exclamó dando una vuelta sobre sí misma.
- Me lo imaginaba, bueno siéntate, que en diez minutos tienes que estar presentable para los invitados, y ya te despeinaste.
Cassie lanzó una mirada al cielo, pero se volvió a sentar en el tocador.
...

Mientras cruzaban el amplio pasillo les llegaban los murmullos patentes de que los invitados y los Gray estaban hablando. La conversación se cortó en cuanto irrumpieron en la habitación. Además de los invitados y de los dueños de la casa también se hallaban allí Sophie, sentada un poco aparte, y Marie, sirviendo té. Elizabeth se puso en pie, dispuesta a presentarlas:

- Sr. Morgenstern, estas son, la srta. Fairchild y la srta. Ligthwood. Ahora mi honorable marido y yo, debemos atender asuntos de mayor índole. Les dejaremos solos para que puedan intercambiar opiniones sobre el Gran Ritual  de mañana, la Gran Celebración.
Dicho esto Elizabeth le tendió una mano al Sr. Morgenstern, que él besó con delicadeza, más tarde pasó a estrechar la mano de Ragnor, y los acompañó hasta la puerta de la sala. A continuación volvió a sentarse. Tras un incómodo silencio, Isabelle dijo:
- Bueno, William, ¿puedo llamarlo así? ¿O debo utilizar Sr. Morgenstern?
- Al contrario, puede llamarme Will. Todas pueden llamarme así.
- Entonces Will, cuéntanos, ¿a qué has venido aquí?
- Will, ¿qué es el Gran Rito, o lo que quiera que haya dicho Elizabeth? - intervino, Cassie-. Nunca antes la había escuchado hablar de eso.
- Es el Gran Ritual. Cassie- comenzó Will, llamándola por su diminutivo, más no le importó-. ¿No sabes lo que pasa mañana? O, ¿alguien de vosotras lo sabe?
Ambas chicas apartaron la mirada, claramente incómodas. En cambio, Cassie, mantuvo la mirada fija en él, en Will. Se sobresaltó cuando Marie, que todos habían olvidado su presencia en la sala, le respondió:
- Cassandra no lo sabe, más no lo ha de saber. Todos en la casa lo sabemos, excepto ella. No conoce nuestro mundo, su mundo, sus amados padres se lo ocultaron, se lo ocultaron todo. Y ahora, nadie tiene el permiso de Elizabeth o de Ragnor para contárselo, opinan que es mejor que no sepa dónde está realmente. Obviamente Isabelle y Sophie han procurado contárselo, mas Elizabeth la hacía olvidar, una y otra vez.
- ¿Mi mundo? - preguntó, Cassie, totalmente confusa.
Isabelle se echó a llorar, mientras, Will y Sophie hablaron a la vez, pero parecían no advertirlo.
- Oblivisci alieno somnum memini hoc somno cadetis.
Todo se volvió negro.